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Cómo afectan el exceso de información y la desinformación en nuestra salud mental

Avin

01 noviembre 2021

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Cómo afectan la infoxicación y la infodemia en nuestra salud mental

El acceso inmediato a una gran cantidad de información de distintos medios y desde distintas plataformas ha ocasionado otro tipo de fenómenos que no sólo afectan nuestro comportamiento, sino nuestra salud mental.

 

Aunque no es algo nuevo, es verdad que el exceso de información y la desinformación han tenido una presencia más fuerte en los últimos dos años debido a la pandemia ocasionada por coronavirus COVID-19, tiempo en el que estar informados y actualizados sobre los avances y noticias del virus era necesario.

 

Sin embargo, no siempre estar tan informados es lo mejor, y es que el exceso de información (no siempre confiable), el consumo de noticias, y sobre todo de noticias falsas, puede llegar a afectar notablemente nuestra salud mental, igualmente la de los niños, quienes, dependiendo de su edad y habilidades emocionales y digitales, no cuentan con la capacidad necesaria para distinguir lo cierto de lo que no lo es, o digerir tanta cantidad de información en tampoco tiempo.

 

¿Qué son la infoxicación y la infodemia?

 

Con las nuevas tecnologías llegan nuevas terminologías que corresponden a fenómenos que, si bien pueden existir desde hace tiempo, en fechas recientes se hacen más evidentes.

 

Infoxicación se denomina a la sobrecarga o exceso de información a la que todos los usuarios estamos expuestos.

 

Esta sobrecarga informativa afecta a la sociedad actual de manera significativa, pues recibir nuevos datos constantemente, reduce nuestra capacidad de poder focalizar y analizar, afectando a nuestra concentración. Además, la sobrecarga de información en temas serios como pueden ser enfermedades u otro tipo, puede afectar a nuestra salud, en términos de ansiedad o estrés.

 

A esto también se le conoce como infodemia. Término asociado a la abundancia de la información que se recibe a través de los medios digitales, pero que además es de dudosa procedencia, o lo que es igual: una pandemia de desinformación.

 

De acuerdo con la UNESCO, las falsedades y la información errónea han demostrado ser mortales, así como lo es también su capacidad para sembrar la confusión. Por lo que trabajar en estrategias que nos ayuden a poder discernir y analizar la información se han vuelto más necesarias y evidentes en la época actual.

 

¿Cómo afectan la infoxicación y la infodemia?

 

El problema con creer o ser parte del exceso de información y las noticias falsas sobre cualquier tema es que evitamos que la información real y oficial se comunique de manera correcta, creando confusión y muchas veces cayendo en errores graves, por ejemplo, malinterpretando síntomas, buscando remedios que no funcionan y difundiendo maneras de prevención que lo único que hacen es elevar el nivel de pánico y el riesgo de contraer la enfermedad.

 

Además, si nos pasamos mucho tiempo viendo noticias o leyendo todo lo que nuestros conocidos comparten en redes sociales entramos en un estado de ansiedad y descontrol por no saber lo que verdaderamente está pasando, causando un evidente desorden emocional y mental.

 

Si esto nos cuesta trabajo a los adultos, imagina lo que puede ocasionar en los niños y adolescentes, cuyas capacidades de análisis pueden estar aún limitadas por razones obvias de su edad.

 

Aunado a esto, Erika Villavivencio Ayub, experta de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que actualmente las nuevas tecnologías juegan un papel importante, especialmente las redes sociales, de las que recolectamos un exceso de información ante el temor de sentir que podríamos llegar a perdernos de algo importante.

 

Aumentando nuestra necesidad de consumir información, misma que muchas veces no necesitamos.

 

Con tanta información de fuentes variadas, no sabemos a quién o qué creer, lo que puede ocasionar desestabilidad y desordenes en la salud mental; y hablando específicamente del virus que nos compete actualmente, los riesgos pueden llegar incluso a dañar la salud física, al tomar como fiables o ciertos remedios que atacan la enfermedad sin tener un fundamento o conocimiento real que lo sustente.

 

Por su parte, en entrevista para el Huffinton Post, las psicólogas y profesoras Arantxa Duque Moreno y Paula Martínez López, de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), comentan que “la exposición continuada a noticias negativas supone un riesgo para la salud mental y emocional”, ya que tienen un efecto inmediato y negativo que anula la capacidad de análisis y dificulta la interpretación y reflexión de lo leído o escuchado.

 

Esto quiere decir que, las noticias, en lugar de cumplir con su cometido de informar, nos perturban y limitan nuestra capacidad analítica.

 

Señales de que nuestra mente puede ser afectada a causa de la infoxicación y la infodemia

 

Debido al ritmo ajetreado de vida de consumo de información es probable que no notemos que estamos siendo afectados por un exceso de información o de información falsa.

 

Sin embargo, hay señales evidentes que podemos tomar en cuenta en nosotros mismos o en nuestros niños. Por ejemplo:

 

  • Agobio derivado de la cantidad de datos o información
  • Confusión por un volumen muy grande de información
  • Desconcierto ante tanto contenido sobre un tema
  • Distracción y falta de atención, pues no podemos pensar en otra cosa que no sea las noticias que recibimos y nos preocupan

 

Aunque no lo parezca, la infoxicación e infodemia pueden tener repercusiones aún mayores dependiendo del tema del que se trate, causando desestabilidad en la calidad del sueño, malestar y estrés, incertidumbre, temor generalizado y aislamiento, evitamos llevar a cabo nuestras actividades diarias.

 

¿Cómo evitar ser afectados por el exceso de información y las noticias falsas?

 

Evitar ser parte de estos fenómenos es fundamental para evitar su crecimiento, por eso, como padres o docentes es importante promover un uso responsable y positivo del contenido o información que consumimos, creamos y compartimos.

 

Para ello el primer paso es establecer claramente qué es lo que queremos saber sobre cierto tema. Además nos ayudará lo siguiente:

 

  • Limitar el tiempo que estamos expuestos a las noticias o la información.
  • No te creas todo lo que te dicen, ves, lees o escuchas. Ahora más que nunca, debemos basarnos en nuestro propio criterio y sentido común. Ante la duda, lo mejor es investigar.
  • Busca y guíate solo por las fuentes oficiales, como organizaciones registradas o plataformas informativas reconocidas. Los estudios de organizaciones o instituciones públicas o privadas suelen contar con cifras y datos duros reales basados en investigaciones, así como las Universidades de renombre internacional, quienes realizan sus propias pruebas y encuestas.
  • Si lees los periódicos, en formato impreso o digital, asegúrate de buscar la noticia en distintos sitios o periódicos, ya que, aunque estos diarios suelen tener la información de primera mano, algunos podrían no investigar y únicamente copiar y pegar lo que se publicó en otro lado.
  • Si alguna noticia te suena extraña, averigua más acerca de ella y evita compartirla o comentarla antes de saber si proviene de una fuente confiable.

 

Estar informados en estos momentos es clave, pero no debemos exagerar. Cuando nuestra salud está en juego es mejor ser parte de la solución y no del problema.

 

Recuerda que la sobresaturación informativa también se contagia y en estos momentos es más útil mantenernos serenos y tranquilos para poder tomar mejores decisiones.

 

Descarga el reporte “Infoxicación en salud. La sobrecarga de información sobre salud en la web y el riesgo de que lo importante se haga invisible” pusto s disposición por la PAHO  y la OMS. 

 

Descarga los materiales

 

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